Aunque las 228 páginas del informe de evaluación de candidaturas para elegir la sede de la próxima Copa Mundial Femenina 2023 fue, por decir lo menos, una garrotera para Colombia y nos aterrizó a la realidad de la precariedad de nuestro fútbol -en todos los sentidos-, definitivamente quedan muchas dudas respecto a la rigurosidad con la que la comisión de la FIFA realizó las inspecciones. Sin embargo, las opciones, por descabellado que parezca, no se esfumaron totalmente. Hay cosas positivas y hay que decirlas.

Ese 2.8 dejó una ola de pesimismo en el país, pero puedo asegurar que en el seno de la Federación Colombiana de Fútbol, en la Conmebol y, especialmente, en el Gobierno Nacional -desde donde respaldaron y empujaron la idea de candidatizarse tras el guiño de Infantino (presidente de la FIFA) a dirigentes colombianos en Londres- hay buen pálpito.

La burla, la desconfianza y el escepticismo que hay en Colombia con la candidatura no ha desanimado a la dirigencia nacional, que en su afán por contrarrestar el informe incompleto de FIFA cometió, junto a la Conmebol, varios errores garrafales. Es inaudito que en un país en el que el fútbol femenino no existe se escriba que es uno de los más competitivos del continente cuando ni liga consolidad hay y, peor aún, que se mienta con un promedio de más de 28 mil espectadores, cuando ni los hombres llegan a esa lejana cifra.

Es lamentable la información con la que la FCF y la Conmebol quisieron relanzar la candidatura y, de paso, reclamar la falta de rigurosidad en la visita de enero; sin embargo, quiero creer que eso no lo redactaron en Colombia. Lo que sí es cierto es que no hubo rigor de parte de la FIFA, conozco detalles de las visitas y puedo asegurar, como lo decimos acá, que la comisión de FIFA pasó por encimita en las cuatro ciudades que visitó, no estuvieron en todas, y así no se puede hacer un análisis correcto, sin datos, sin observación ni información de fuentes oficiales precisas.

No puede desconocer la FIFA que este país celebró, sin problema alguno, la Copa Mundial Sub-20 en 2011 y el Mundial de Fútbol Sala en 2016, quizá torneos menores al que está en juego para 2023, pero Colombia cumplió, sus sedes pasaron con alta calificación en organización, comercialización, seguridad y entusiasmo; no creo que en unos años esas virtudes del país y la infraestructura de sus escenarios merezca una calificación tan baja.

Es claro que un punto negativo, demasiado negativo, es la falta de interés que hay en Colombia por el fútbol femenino, este país no es un buen ejemplo, eso lo sabemos todos; no hay una liga consolidada, se demerita a las jugadoras. Ni las empresas, ni el gobierno, ni los dirigentes, ni los aficionados las ven atractivas -el fútbol se mueve con millones de dólares-, pero esto no puede ser la razón para desacreditar a todo un país.

Todo lo contrario, es el momento para sacar adelante al fútbol femenino colombiano, es momento de aprovechar esa copa mundial para darle ese espaldarazo a las grandes jugadoras y que el desarrollo de su fútbol sea una realidad que se mantenga en el tiempo, no con uno o dos torneos cada cinco años por obligación.

Además, como lo ha exteriorizado en tantas ocasiones la propia FIFA, que uno de sus pilares es fomentar el desarrollo del fútbol, en este caso el femenino, pues Colombia sería el escenario perfecto. Así lo ven en la federación, pero más en Conmebol, que ha visto esto como un tema continental y ha insinuado en las altas esferas del fútbol que es el momento de darle esta sede a Suramérica, pues el evento nunca ha llegado a esta zona del mundo en sus 29 años de historia.

“Conmebol no tolera que hablen mal de ninguna de sus federaciones, han trabajado mucho por mejorar la imagen del fútbol y su infraestructura. Por eso la falta de criterio a la hora de la evaluación concluye que es mejor que ningún país suramericano se vuela a postular para mundiales porque no somos aptos y los únicos que pueden hacerlo son los desarrollados. Esto es una contradicción a los principios de FIFA, que busca el desarrollo a nivel mundial, es hora de darle la oportunidad a los países en vía de desarrollo”, confesó un dirigente de la FCF.